Tocamos con el dedo la cultura de Oriente Próximo

Tocamos con el dedo la cultura de Oriente Próximo

Hace 5000 o más años, en un oasis de Oriente Próximo, alguien recogió un fruto de color entre pardo y dorado. Era aromático, algo rugoso y con una película dura en el exterior. Al morderlo, se liberó un fuerte sabor dulce y algo astringente. Era un dátil especialmente carnoso, de textura sedosa y cremosa que se deshacía en el paladar. Los dátiles pronto empezaron a formar parte de la dieta de los pobladores del desierto y los moradores de los oasis más fértiles. La phoenix dactylifera era la palmera responsable de crear estos frutos comestibles que los griegos llamaron daktylos, palabra que significa ‘dedo’, ya que para los helenos la semejanza en cuanto a la forma era más que evidente.

 

Estos dedos fueron transportados en caravanas a través del desierto. Subidos en la grupa de un camello atravesaron cadenas montañosas, recalaron en las bodegas de navíos fenicios y fueron empleados como fuente rápida de energía por los más intrépidos exploradores árabes, griegos y anónimos. Así, llegaron hasta Valentia como elemento de la despensa de los árabes que convivían en nuestra ciudad, y así, pasaron las décadas y los lustros hasta que los dátiles -verdes en este caso, es decir, aquellos que ya están formados pero no han alcanzado el característico punto de madurez- fueron integrantes de una de las secuencias árabes del menú largo de Sucede.

 


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