El estatus de los berberechos sobre la mesa

El estatus de los berberechos sobre la mesa

Con la expansión del Imperio Romano sobre territorio heleno el gusto de la época explora nuevas posibilidades y deja de meter la mano en madrigueras para arañarse con las rocas en las que se esconden lapas, bígaros y percebes. Los bivalvos como las navajas, los berberechos y los mejillones también abren sus conchas para desvelar su cárnico interior, que a finales de la República es símbolo de estatus y de maliciosos comentarios por parte de los guardianes de la moral y la austeridad como Tácito, quien veía en los excesos la materialización de la decadencia absoluta.

Los pequeños berberechos hicieron que Gallaecia -tierra atlántica y mariscadora, Galicia en nuestros días- se convirtiera en la despensa marina del imperio. Ciudades como Brigantium -A Coruña- o Lucus Augusti -Lugo- pasaron a ser centros de distribución de las más exquisitas joyas marinas. La apreciación por el yodo nunca se perdió, y menos, en Sucede. Empleamos la carne de los berberechos para coronar una tartaleta de pan ácimo -un tipo de pan plano, sin levadura- frito con yogur a modo de lángos -especialidad húngara-. De siempre es sabido que el marisco casa con los cítricos, para ahondar en esta combinación, sobre la tartaleta conviven unos dados de gelatina de cidra.

Al igual que aconsejaba Ovidio, recomendamos coger la tartaleta con la punta de los dedos y con expectación.


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